6 de septiembre de 2010

Lezama, como un Dios.


Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no querías creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.

1 comentario:

Fernando dijo...

Hace muchos años intente leer a Lezama y no pude con él, hoy, que lo encuentro aquí, de pura casualidad, vuelve a encender una chispa, tendré que rebuscar en mi biblioteca y hacer otro intento.
Gracias por despertarme